Esopo

Esopo
 Esopo fue un escritor de fábulas de Grecia. No se sabe donde ni cuando nació, de hecho, tampoco se sabe si realmente existió. Se supone que nació alrededor del año 600 a. C. y fue asesinado en Delfos acusado de un robo. Su obra la han recopilado varios fabulistas como: Demetrio de Falero, Fedro, Jean de La Fontaine y Félix María Samaniego. Ellos se inspiraron en sus fábulas ya que fué el primer fabulista. Las obras de Esopo se inspiran en las narraciones populares.


FÁBULAS DE ESOPO


Esopo y el borrico

Al buen Esopo díjole un borrico:
Por quien soy te suplico,
si en algún cuentecillo me introduces,
que pongas, como debes, en mi labio
singular discreción, lenguaje sabio.
Esopo respondió: Yo bien podría
fingirte bestia de talento y luces;
pero al ver el solemne desatino
todo el mundo a una voz nos llamaría,
el filósofo a tí, a mí el pollino.
Es alabar a un necio
locura digna de común desprecio.

Esta fábula tiene doce versos de once sílabas excepto el segundo y el penúltimo que tienen siete y por lo tanto son de arte menor. La rima es consonante A, a, B, CC, D, B, E, D, E, f, F. La moraleja de esta fábula es que nunca tienes que admirar a un necio, es decir, una persona ignorante, aunque te venda muy bien sus cualidades porque es una locura, una tontería.
El burro le pide a Esopo que si lo nombra en alguna de sus fábulas, que hable bien de él: de su discreción, de su lenguaje sabio... Esopo le contesta que podría hablar bien de él, pero cuándo la gente se dé cuenta de cómo es el burro en realidad, seria Esopo el que quedaría como un necio.


La cierva y la viña

Huyendo de enemigos cazadores,
una cierva ligera
siente, ya fatigada en la carrera,
más cercanos los perros y ojeadores
No viendo la infeliz algún seguro
y vecino paraje
de gruta o ramaje
crece su timidez, crece su apuro.
Al fin, sacando fuerzas de flaqueza,
continúa la fuga presurosa,
halla al paso una viña muy frondosa,
y en lo espeso se oculta con presteza
Cambía el susto y pesar en alegría:
viéndose en paz y a salvo en tan buena hora,
lvida el bien, y de su defensora
los frescos erdes pampanos comía.
as, ¡ay!, que de esta suerte,
quitando ella las hojas de delante,
abrió puerta a la flecha penetrante,
y el listo cazador le dió la muerte.
Castigó con la pena merecida
el justo Cielo a la cierva ingrata.
Mas, ¿qué se puede esperar el que maltrata
al mismo que le está dando la vida?

Esta fábula tiene veintiséis versos de once sílabas excepto la segunda, la sexta y la séptima que son de siete sílabas. Tiene rima asonante A, b, B, A, C, d, d, C, E, F, F, E, G, H, H, G, I, J, J, I, K, L, L, K. La moraleja de esta fábula es que nunca tienes que tratar mal al que te proteje o ayuda porque si lo haces, dejaras de estar protegido o dejará de ayudarte.
En esta fábula, una cierva se estaba escapando de unos cazadores cuando vió una viña y se escondió allí. Mientras estaba protegida por las viñas, empezó a comer uvas hasta que quedó al descubierto y el cazador la pudo matar.







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