| Félix María Samaniego |
Fábulas de Félix María Samaniego
Félix María Samaniego, que en realidad se llamaba Félix María Serafín Sánchez de Samaniego Zabala, nació en Álava en 1745 y murió en 1801 en el mismo sitio. Fué un escritor de fábulas que se inspiró en Esopo y en Jean de La Fontaine. La Inquisición lo persiguió por unas fábulas subidas de tono imitando las fábulas eróticas de Jean de La Fontaine.
El asno y el cochino
Envidiando la suerte del cochino,
un asno maldecía su destino.
"Yo, decía, trabajo y como paja;
él come harina, berza y no trabaja:
a mí me dan palos cada día;
a él le rascan y halagan a porfía"
Así se lamentaba de su suerte
pero luego advierte
que a la pocilga alguna gente avanza
en guisa de matanza,
armada de cuchillo y de caldera,
y que con maña fiera
dan al gordo cochino fin sangriento,
dijo entre sí el jumento:
"si en esto para el ocio y los regalos,
al trabajo me atengo y a los palos."
Esta fábula tiene dieciseis versos de doce sílabas excepto el octavo y el doceavo que tienen ocho y el décimo y el catorceavo que tienen siete. Tiene rima asonante. A, A, B, B, C, C, D, D, E, E, F, F, G, G, H, H. La moraleja de esta fábula es que es mejor trabajar y padecer un poco y al final vivir que
no vivir muy bien pero vivir durante poco tiempo. Nosotros suponemos que esta fábula la escribió durante la revolución francesa, ya que si nos fijamos bien, el pueblo podría ser el asno, que padece pero al final vence y el rey Luis XVI puede ser el cochino que vive muy bien pero muere.
El asno se queja porque tiene que trabajar, recibir golpes y comer solo paja, mientras que el cerdo , que no hace nada come mejor que él y lo rascan y halagan. Cuando ha terminado de quejarse ve que la gente va hacia la pocilga con cuchillos a matar al cerdo y se da cuenta que si los regalos y el tiempo libre terminan así es mejor trabajar.
El águila y el escarabajo
"Que me matan; favor": así aclamaba
una liebre infeliz, que se miraba
en las garras de una águila sangrienta.
A las voces, según Esopo cuenta,
acudió un compasivo escarabajo;
y viendo a la cuitada en tal trabajo,
por liberarla de tan cruda muerte,
lleno de horror, exclama de esta suerte:
"¡Oh reina de las aves escogida!
¿Por qué quitas la vida
a este pobre animal, manso y cobarde?
¿No sería mejor hacer alarde
de devorar a dañadoras fieras,
o ya que resistencia hallar no quieras,
cebar tus uñas y tu corvo pico
en el frío cadáver de un borrico?"
Cuando el escarabajo así decia,
la águila con desprecio se reía,
y sin usar de más atenta frase,
mata, trincha, devora, pilla y vase.
El pequeño animal así burlado
quiere verse vengado
en la ocasión primera
vuela al nido del águila altanera,
halla solos los huevos, y arrastrando,
uno por uno fuelos despeñando;
mas como nada alcanza
a dejar satisfecha una venganza,
cuantos huevos ponía en adelante
se los hizo tortilla en el instante.
La reina de las aves sin consuelo
remontaba su vuelo,
a Júpiter excelso humilde llega,
expone su dolor, pídele, ruega
remedie tanto mal; el dios propicio,
por un incomparable beneficio,
en su regazo hizo que pusiese
el águila sus huevos, y se fuese;
que a la vuelta, colmada de consuelos,
encontraría hermosos sus polluelos.
Supo el escarabajo el caso todo:
Astuto e ingenioso hace de modo
que una bola fabrica diestramente
de la materia en que continuamente
trabajando se halla,
cuyo nombre se sabe, aunque se calla,
y que, segun yo pienso,
para los dioses no es muy buen incienso.
Carga con ella, vuela, y atrevido
pone su bola en el sagrado nido.
Júpiter, que se vió con tal basura,
al punto sacudió su vestidura,
haciendo, al arrojar la albondiguilla,
con la bola y los huevos su tortilla.
Del trágico suceso noticiosa,
arrepentida el águila y llorosa
aprendió esa lección a mucho precio:
a nadie se le trate con desprecio,
como al escarabajo,
porque al más miserable, vil y bajo,
para tomar venganza, si se irrita,
¿le faltará siquiera una bolita?
Esta fábula tiene sesenta y dos versos. La mayoría tienen entre 11 y 12 sílabas. Tiene rima asonante. La moraleja de esta fábula es que aunque hagas enfadar a un escarabajo siendo un águila y por lo tanto creas que tienes más poder, si el escarabajo se quiere vengar puede llegar a ser muy peligroso.
En esta fábula un águila caza una liebre y el escarabajo defiende a la liebre. El águila la mata igualmente y el escarabajo se venga rompiéndole los huevos al águila. Incluso cuando el águila pone los huevos junto al dios Júpiter, el escarabajo consigue rompérselos.
La cigarra y la hormiga
Cantando la cigarra
pasó el verano entero
sin hacer provisiones
allá para el invierno;
los fríos la obligaron
a guardar el silencio
y a acogerse al abrigo
de su estrecho aposento.
Viose desproveída
del precioso sustento:
sin mosca, sin gusano,
sin trigo y sin centeno.
Habitaba la hormiga
allí tabique en medio,
y con mil expresiones
de atención y respeto
la dijo: «Doña hormiga,
pues que en vuestro granero
sobran las provisiones
para vuestro alimento,
prestad alguna cosa
con que viva este invierno
esta triste cigarra,
que, alegre en otro tiempo,
nunca conoció el daño,
nunca supo temerlo.
No dudéis en prestarme,
que fielmente prometo
pagaros con ganancias,
por el nombre que tengo».
La codiciosa hormiga
respondió con denuedo,
ocultando a la espalda
las llaves del granero:
«¡Yo prestar lo que gano
con un trabajo inmenso!
Dime, pues, holgazana,
¿qué has hecho en el buen tiempo?».
«Yo», dijo la cigarra,
«a todo pasajero
cantaba alegremente,
sin cesar ni un momento».
«¡Hola! ¿con que cantabas
cuando yo andaba al remo?
Pues ahora, que yo como,
baila, pese a tu cuerpo».
Esta fábula es de Félix María Samaniego aunque originalmente la escribió Jean de La Fontaine. Los versos tienen 7 sílabas.
La moraleja de esta fábula es que aunque mientras las cosas vayan bien podamos divertirnos, tenemos que ahorrar o trabajar para que cuando la situación empeore podamos seguir viviendo.
La hormiga ve que la cigarra se pasa el dia cantando mientras ella trabaja y la cigarra se ríe de ella. Al final la hormiga durante el invierno puede comer y la cigarra no.
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